Ni sexo, ni pasión
Estamos desnudos. Pegada a su espalda, lo aprieto con mis dos brazos y froto su piel con mis senos. Me pide que le haga masajes. Deslizo casi lentamente las yemas de mis dedos a lo largo de su extenso espaldar, cada tanto lo intercambio con mi lengua como trazando un sinuoso camino con saliva. Respiro de la emoción cerca de sus orejas y lo hago sobresaltar. Siento sus temblores y sus dientes chocarse unos con otros como tiritando de fiebre. ¿Qué tienes?, ¿por qué te pones así? Tranquilo. No, no es nada. Solo evita hacer eso otra vez. Me pone raro, manifiesta. Me río y le digo que no lo haré más, pero lo vuelvo hacer. Entonces, voltea con fuerza al mismo tiempo que me voltea y reclama que lo estoy excitando, que me desea, que quiere sentirse dentro de mí. Apenas siento su lengua en mi cuello y deslizarse por mis senos. Esta sobre mí y quiere penetrarme. Vas muy rápido. Quiero excitarme más, protesto. Empecemos una vez ya, se desespera. Hazme oral, le propongo abriendo mis piernas. Asi...







